12.9.13

Cinema Memoirs (2004)

There’s a small movie theater, on a hidden alley, near a quiet street, in the middle of a town. It makes special screenings on Sunday’s afternoons. The other days it’s closed. The tickets are too expensive. But the owner knows that people are always willing to pay anything for this chance. Cinema Memoirs – that’s the movie theater’s name – is not well known. The owner and his assistant are the only workers there. Every week they rotate their functions. One sells the ticket and the other one operate the projector. To go to Cinema Memoirs is a luxury that one can only experience once in a lifetime. The policy is clear. It prohibits categorically a viewer to enter twice to the projection room. The procedure to follow if one wants to watch a movie at Cinema Memoirs starts on a Monday. That’s when the film for the next Sunday is assigned. Whoever calls first and reserves the theater is the privileged viewer of the week and decides which film will be shown. Other callers have to wait one more week and pry for better luck. On Tuesday, the assistant visits the home of the privileged viewer of the week and performs an inventory. He writes a detailed list of all the material possessions of the viewer. The owner decides on Wednesday, with the help of that list, the price for the ticket. It is usually half of all the viewer’s possessions, although it feels always cheap. On Thursday, all the necessary legal paperwork is done to ensure the payment as quickly as possible. On Friday, the owner and his assistant search for the requested film all over town. Sometimes the movie is easy to find. But other times the request takes them urgently to another city. Saturday can be a day of rest or a last minute journey to find the film. On Sunday, there is always tension in the air. The viewer meets with the owner and his assistant for lunch. And every week – it doesn’t matter who the viewer is – there’s the same conversation. The owner tells the history of Cinema Memoirs; of how he built it with his own hands and brought the ancient projector from a small forgotten town, placed in the end of the world. After that, while they are eating dessert, the assistant proclaim the rules of Cinema Memoirs: 1 - The privilege of watching a movie in Cinema Memoirs will be enjoyed only once in a lifetime. 2 - Any movement – slow or fast – towards the second seat will be punished automatically with the projection detention and the expulsion of the viewer from the theater. The ticket fee is – in that and any other case – non-refundable. 3 - Any word spoken aloud by the viewer – directed or not to the second seat – shall be punished, as explained in the rule number two. 4 - Summing up the two items above: the viewer can only look ahead at all times during the projection and if he or she wants can laugh or mourn in relation to what it’s seen on the screen. 5 - After the screening is finished, the viewer will wait for the theater lights to be switched on to stand up and leave. Then, there are ten minutes of silence. After that, the viewer is allowed to enter. The owner or his assistant waits with the ticket. The viewer leaves his empty wallet, as a token payment, and takes the ticket given in return. The projection room has only two seats. The viewer sits in one and waits for the lights to go out. It is then, when it happens. The viewer cannot move anymore. The movie is about to start. At that point the second seat is occupied. And so, throughout the duration of the projected film, the viewer will be accompanied by his or her loved dead one. The viewer can only watch him or her sideways and cannot speak or touch him or her. Nevertheless, the viewer thinks, the price for the ticket is worth it. When the lights are on again, immediately after the end of the projection, the second seat is empty and the viewer is usually crying.

7.7.11

(Drought Conditions) [microstory]



I've been up a while, watching the west wing, thinking, asking myself what am I supposed to be or do. Dunno if I'll go to Wolfenbüttel today or not.
When I feel lost or disfunctional my only comfort are these words:
"At least I am mine"

10.6.10

Sed de cambiar (anticipo)

Mi novela 3, La Llave, tiene muchos niveles y lecturas, como cajas chinas con cuadros dentro de cuadros. Dentro de uno de esos niveles encontré un texto que me parece digno de ser amputado y presentado aparte, para consideración general, como modo de anticipo y de paso para reabrir mi blog después de mucha ausencia.

En pocas palabras, me interesa generar un diálogo.

Quien quiera decir algo, será bienvenido.

FG

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Sed de cambiar

Ensimismado en la pena clásica de olvidarnos Federico Grasso relee El Tiempo Se Estaba Acabando Para Ella. No hay hombre que rinda un continuo homenaje a sí mismo como él. No hay sed de crecer en un autor como Grasso, sólo sed de cambiar.

Con los ojos rojos y entrecerrados Grasso concentra su mirada en renglones prácticamente inexistentes. En el color de la tinta hay un verde flameante. El libro entre sus manos ha dejado de ser un mensaje para volverse un producto de consumo. Y él ya ha consumido demasiado.

Para ser sábado por la tarde el Servicompras está muy tranquilo. Los ojos le arden. Su cabeza no. Cree estarse sintiendo mejor pero se desploma sobre la mesita amarilla. Grasso, inconsciente, se pregunta qué hace y para qué.

La cultura nace del pueblo y no de un marginado como él. Se siente ajeno por decisión. Cree verse solo, inútil, sucio, desordenado y desprolijo.

Recuerda a Sabato. El individuo como representación de un movimiento histórico. Otra vez. Ser más por no ser. Ser el representante de una época es demasiada responsabilidad para alguien que se siente nadie. Prefiere ser el único representante de lo que le pasa a él. Quiere ser su propio pop y cultura y preguntarse ¿Por qué en toda la novela se repiten continuamente ideas y sucesos?

El paralelismo alimenta a las ideas concebidas y les da vida. Redundar. Paralelos que a la distancia se ven como bucles o hélices. No se puede decir que un cuerpo está vivo por estar compuesto por células. Tiene que haber un proceso de repetidas secuencias para decir que el cuerpo compuesto por una repetición de código genético casi interminable está vivo. Átomos paralelos que a la distancia se ven como bucles vivos.

Esta obra, este mundo, está vivo. No se le puede decir a un organismo vivo “Pará, pará. Eso ya lo hiciste.” Hay que dejarlo ser y hacer y apreciarlo como tal.

Es la poética de la novela, la perspectiva idealizada de repeticiones que componen un único producto final con inutilidad económica. Está dicho en R., ese cuento en AW. Está dicho en Todas son iguales, esa canción metaficcional de Andrés Calamaro. Y está siendo dicho, desde el principio hasta este final abierto, en La Llave.

¿Y dónde queda la indagación? ¿Por qué repetir superficies y no buscar en lo profundo? La vida de Federico Grasso en San Juan es la de un espectador crítico. Él sabe, ve y menciona el desacomodo económico: Mucho dinero en pocas manos, mucho poder en esas mismas pocas manos y muchos corderos fáciles de dominar. Ve en la provincia muerta una producción mínima, atosigada por el interés monetario individualista de no progresar.

Hombres y mujeres pedaleando en el aire para no morirse y otro montón igual, pero chupando de la teta del estado. Un pueblo que no se puede justificar pero que ya es ciudad. Un lugar donde el dinero y poder que se reparte entre pocos viene del gobierno. Un falso crecimiento económico camuflado en una circulación monetaria idiota: “Tomá diez, dame cinco. Mirá, mirá: recaudé cinco; debe estar re-bien todo esto entonces...”

Mucho poder que hace lo que quiere con la vida de los corderos y muchos corderos listos para vivir sin criticar o pensar lo que les dicen que son. Hijos de corderos que nunca van a poder elegir entre ser o no ser corderos, porque sus destinos se marcaron antes de nacer. Porque el dueño del pastizal será bastante estúpido, pero no es pelotudo, y los mantiene más estúpidos que él, para que no haya lugar para problemas.

Ese Grasso, dopado para tratar de calmar el dolor, no puede y no quiere indagar de más en eso que ve, menciona y es parte suya. En esos planteos conscientemente superfluos ve el espíritu de su búsqueda de respuestas, no indagando puntualmente, sino visualizando todo el panorama.

Porque no hay grandes problemas en el mundo. Todo lo que es y sucede es vivir y no hay verdaderos problemas en eso. Sólo un gran dilema incontestable, la pregunta pura que ningún hombre o mujer logra contestar pero igual se sigue preguntando:

¿Qué motiva los cambios impostergables, el deseo de crecer, la sensación de notarse desconocido y el anhelo a sentirse fuerte por enfrentarse a todo eso con lo que se pueda?

La ficción motiva la vida de aquel ser patético con ojos rojos que no puede sostener su propio libro, que ya hace rato se le fue de las manos, desplomado sobre esa mesita amarilla.

Ser un autor de novelas en San Juan es como ser uno de esos perros callejeros que dan vueltas por las calles gracias a que ya no hay fondos para esterilizar perros callejeros:

Un ente solitario e ignorado que no tiene futuro y cuya única función es subordinarse al tiempo hasta dejar de ser un sobrante por dejar de existir.

No es difícil entender entonces por qué Federico Grasso prefiere un San Juan con logias que se disputan el control imperceptible del mundo y no el San Juan real.

[Final alternativo de La Llave.]

22.10.09

home?



Español:
Es como cuando no estás en tu casa mucho tiempo. Cuando te vas de vacaciones fuera de la ciudad durante un mes o dos y de repente vuelvés a casa.
Y después de todo, de hecho, precisamente en el momento cuando se abre la puerta, te das cuenta de cómo lograste crecer fuera de tu departamento.
El corredor es un poco más largo y ligeramente más estrecho que antes; la habitación es un poco más amplia y espaciosa; y de pronto, la pequeña sala y los objetos parecen haberse movido, algunos un poco más y otros menos.
Pero cuando uno es más viejo se dedica menos tiempo a acostumbrarse a la situación antes de que pase; y probablemente cuando estás de vuelta, llegado el momento, incluso después de 20 años, vas a llegar a tu casa y va a estar igual. Todo: la misma mesa y lámpara junto a la araña, a la que se puede llegar con la mano, y la misma ventana con la misma foto de ella... ¿Y si no la habías dejado, y fue sólo que te quedaste dormido en la cama y te despertaste temprano en la mañana, y ves las expensas del departamento en el suelo?
Quizá todo pasó y así debe ser.

English:
It's like when you're not in your home for long. When you go on vacation out of town for a month or two and suddenly you get home.
And after all, in fact, precisely when the door opens, you realize how did you grew outside your department.
The hall is a little bit longer and slightly narrower than before, the room is a bit more wide and spacious, and suddenly, the small livingroom and the objects there seem moved, some a little more and others less.
But when you're older you spend less time getting used to the situation before it happens, and probably when you're back, at the appropriate time, even after 20 years, you'll get home and everything will the same. The same table and lamp next to the spider, the one you can reach by hand, and the same window with the same picture of her... What if you'd haven't left her and it was all just a dream while you were asleep in bed and you wake up early in the morning and see the building maintenance for the department in the floor?
Maybe everything happened and that the way it should be.

dmytri maksimov

[Oct. 2nd, 2008|12:41 pm]

15.6.08

5.6.08

Supón que hay dos. (+Correspondiente Análisis)

Supón que hay dos

Supón un final en el comienzo
Supón que el mundo no se acaba en ella
Supón desiertos de inesperada esperanza
Supón que hay dos

Con frío en el cuerpo y una bufanda celeste y blanca. Con jeans y zapatillas de tela. Con una campera de lana y polera.
Con un bolso al hombro y no cruzado. Con el pelo tomado y no suelto. En San Juan y no en Córdoba.

Supón un comienzo en el final
Supón que el mundo se acaba en ella
Supón desiertos de esperada desesperanza
Supón que hay dos

Una afuera; la otra adentro. Una innombrable; la otra con nombre desconocido. Una incierta; la otra un riesgo.
Supón que hay dos.

AW

Extracto de Notas Sobre "Supón que hay dos" (Por Federico Grasso)


Aunque todo el poema habla de dos, hay siempre impuesta una triada de componentes. Weiss tiene algo con el tres. Y por eso intento dividir en tres todo el texto.
Primero digo que este poema me recuerda a "Hagamos un trato" de Benedetti. Es una sugerencia, a la vez que es una declaración y a la vez que es una promesa.
La primera y tercera sección son paralelos asimétricos. Tres versos perfectamente asimétricos que se unen en un cuarto verso común; un infinito anhelante donde las paralelas se unen.
Segundo me recuerda a AW. Weiss reficciona su vida ficcional y se dice consciente de ella. Hace tres de uno, pues reconoce su vida, su ficción y su reficción.
La segunda y cuarta sección abandonan el verso y se posan en párrafos de tres oraciones. En la segunda sección hay dos párrafos y en la cuarta está el tercer párrafo de tres oraciones. Cada oración, como todo el texto, articula entre dos mujeres, la que hubo y la que habrá.
Y cuando se piensa que ese será en único factor del texto que no quedará en tres aparece la tercera porción de literatura, el mismo poema, que presentándose consciente de sí mismo, le da a quien lee el tercer punto de articulación entre la mujer que fue y la y la que será: la mujer actual a quien se dirige Weiss; el tú lírico recipiente del yo lírico.

NoTa: este extracto del texto es una síntesis que permite apreciar el verdadero poder de síntesis de la lírica. También el texto tiene la función de contestarle en forma teórico-práctica a Adrián Romero su pregunta acerca de la metaficción en la lírica.
FG
2008